martes, 6 de agosto de 2013

La batería de Primera Aguada

A través de Moisés Camacho, me llega la noticia de que se están haciendo cambios en la Avenida de Huelva. Sabía que se estaban realizando obras, las cuales hace unas semanas acabaron con la increíble arboleda que había en sus aceras. Árboles grandes y frondosos cuya buena sombra ya no existe. Supongo que cuando acaben colocarán palmeras... Pero Moisés daba la voz de alerta ante los cambios que se están llevando acabo en las inmediaciones de la histórica batería de Primera Aguada. Una sencilla construcción del siglo XVIII que a duras penas ha sobrevivido al siglo XXI y que está declarada BIC en BOE el 29/06/1985. La intervención se denuncia aquí. Ayer mismo pasé por allí y
La batería ayer 5 de agosto. Foto S. M.
fotografié la zona. En un principio no parece que la construcción haya sufrido daños. Demasiados sufrió cuando el colegio SAFA, a mediados del siglo XX, se construyó practicamente encima... Parece ser que han protegido el lienzo de muralla y luego el pequeño foso de la parte delantera ha sido cubierto de tierra. Lo peor es que este relleno sirve para ocultar lo que parece un entramado de tuberías. Soy neófito en temas de alcantarillado y demás pero eso da que pensar la abertura que han colocado y que se puede ver en la imagen.
Esperemos que dichos movimientos formen parte de la obra que se lleva a cabo en la avenida y cuando esta culmine, la batería de Primera Aguada, vuelva a su estado anterior.
Vamos a aprovechar la noticia para sustraer parte de su historia de un capítulo de un libro que escribí en 2009. Y así vemos de la importancia histórica del lugar.
Una de las primeras noticias que tenemos, a través de mapas y documentos, sobre la existencia de este tipo de fortificaciones en la zona del extramuro de Cádiz es de 1724. Pérez de Sevilla diferenciaba hasta cuatro baterías desde la entrada de la ciudad por tierra hacia el istmo. Estarían situadas de la siguiente manera: la de la playa de Santa María, tras el corral de Alejo(1); la del Romano, a unos 600 metros del baluarte de Santa Elena, frente al corral de la Vaca -se situaba en la conocida como playa de la Bahía o del norte y su nombre seguramente provenía del pozo que allí se encontraba llamado del Romano(2)-; la de la Aguada del Valenciano; y por último a unos seiscientos metros del castillo de Puntales dos pequeños fuertes que defendían la entrada desde la isla a Cádiz. Se les conocía como los Castillejos y en un futuro se construiría en dicho emplazamiento el fuerte de la Cortadura.
Un hito en la Historia de la ciudad fue el maremoto provocado a su vez por el terremoto de Lisboa de 1755. Según el Conde de Maule (3) el camino del arrecife quedó inundado, por lo que seguramente las baterías sufrieran daños. Esta hecho nos lo confirma Pérez de Sevilla cuando nos indica (4) que de la batería del Romano sólo había quedado su gola. Se puede llegar a pensar que parecida suerte pudo arrastrar la batería de Primera Aguada. Sin embargo hay algunos documentos que nos indican que poco tiempo después, década de los años 60, las baterías seguían en pie. Un mapa francés titulado Carte Hydrographique de la Baye de
Detalle de la Carte Hydrographique
 de la Baye de Cádiz de 1762.
 En AHMC, Sección Cartografía
Militar del siglo XVIII.
Cádiz (5), con fecha posterior al maremoto, 1762, así lo atestigua. El mismo sería utilizado por la marina francesa para poder entrar en la bahía según podemos entender de las indicaciones de mareas que se nos hace. Quizás por este hecho, por desconocimiento o desinterés, se nos muestra un despoblado extramuros en el que, eso sí, se nos señalan la existencia de dos pequeños “fortines” en la borde costero de la bahía. Pudieran ser la batería del Romano y la Aguada, puesto que el situado más a la derecha del mismo, y antes de llegar al Castillo del Puntal, nos encontramos con el Endroit de l´Aguade (Sitio o lugar de la Aguada).
La importancia defensiva de esta batería y otras la vemos en un documento fechado en 1776 cuando Juan Caballero con la idea de defender el saco de la bahía hace una descripición del mismo:
“...la verdadera bahía de Cádiz era lo que describimos como ensenada interior de la propia bahía, es decir lo que hay desde Puntales a Matagorda hacia los arsenales, que era lo que trataban siempre los enemigos de apoderarse en tiempo de sitio para privar a Cádiz de los socorros de tierra” (6).
Por lo tanto en caso de intento de invasión a través de la bahía, estas baterías, junto con las defensas del otro lado -baterías de Rota o el Castillo de Santa Catalina de El Puerto de Santa María-, harían fuego cruzado sobre el enemigo.
Poco después encontramos otro documento, esta vez firmado por Luis Huet (7) donde se nos describen las cuatro baterías estables en esta zona del istmo: la de Punta de Vaca, Primera Aguada, Segunda Aguada y La Victoria. Así, en 1793, este Director General de Ingenieros recomendaba que todas las baterías estuvieran reedificadas por el posible comienzo de la guerra con Francia (8).
La época doceañista fue de máxima importancia para estas defensas. Desde inicios del siglo XIX estuvieron bien armadas y pertrechadas. La batería de Primera Aguada contaba con cuatro cañones, al igual que la de Punta de Vaca (o Romano) y Segunda Aguada (9). Un nuevo documento francés nos indica del temor a dichas fortificaciones. La aliada española, que en breve pasaría a ser enemigo, tenía parte de sus barcos en  el interior de la bahía. A sabiendas que la marina inglesa esperaba en la entrada de la misma, y ante el inminente cambio de aliado español, el general Deprés escribió al Vicealmirante Rosilly indicando que se mantuviera lo más alejado posible de las  baterías para defenderse de un posible ataque exterior o interior de la bahía (10).
Durante la posterior Guerra de la Independencia, y siguiendo el estudio de Ramón Solís (11), fueron tres las baterías circulares las que sobrevivieron estos años: la del Romano, Primera y Segunda Aguada. Todas estas construcciones sencillas estaban pertrechadas por un cuerpo de guardia, repuestos de pólvora y se cerraban en su parte trasera con un gola en forma de muro o rastrillo. Apuntaba Solís que además desde ellas no hizo falta hace un sólo disparo entre 1810 y 1812.
La suerte posterior de estas construcciones ha sido muy dispar. En 1866 todavía seguían en pie. Sin embargo el paso de los años y la expansión de la ciudad por su extramuro terminaría dibujando una suerte distinta para cada una de ellas. En lo que se refiere a la batería de la Primera Aguada quedó dentro del terreno de los Astilleros, por lo que durante décadas estuvo oculta tras un muro en lo que consistía el final de la Barriada de la Paz o Avenida de Huelva. Al construirse además en la década de los cincuenta del siglo XX el Colegio SAFA-Villoslada, no se sabe muy bien bajo que criterio, la batería se usó de cimientos para el muro colindante con el astillero. Con la liberación a mediados de los años noventa de dichos terrenos, se volvió a recuperar parte del lienzo de la batería.
La batería de Primera Aguada se puede
contemplar en la Avenida de Huelva a los
pies de un colegio y muy cerca de un
centro comercial. Foto S. M.
Y a continuación finalizo esta entrada de igual manera concluía el capítulo que como indicaba, escribí en 2009. La reivindicación, por desgracia, no se cumplió en los años de los fastos del Bicentenario. Albergamos la esperanza que con las nuevas obras se trabaje al respecto.

"...en el muro colindante los jóvenes del colegio han pintado unos graffitis. A escasos metros de la batería descansa un gran centro comercial. Viendo la Historia de dicho emplazamiento defensivo, así como los distintos finales que han corrido los otros –Punta de Vaca y Segunda Aguada-, y si sumamos el aspecto de la Conmemoración a la que nos acercamos, ¿no deberían replantearse las autoridades dar un nuevo uso a la batería de Primera Aguada? Las opciones son múltiples: desde un adecentamiento y recuperación del lienzo de muralla –con elementos indicativos que ayuden al ciudadano a tener información histórica sobre dichas construcciones-, hasta un traslado, como se hizo con la de Segunda Aguada, a un lugar cercano donde se pueda reconstruir en todo su esplendor, así como darle un nuevo uso. Sería un buen motivo para celebrar la recuperación de este desconocido Patrimonio de la ciudad, a la par que se le daría una nueva función pacífica y social."
Portada del libro.

Para más información en MORENO TELLO, Santiago. ""Las baterías defensivas de extramuros en Cádiz: Historia y puesta en valor de un patrimonio olvidado". En RAMOS SANTANA, Alberto y MORENO TELLO, Santiago (Coords.). Invasión y guerra en la provincia de Cádiz (Mayo 1808 - Febrero 1810). Excma. Diputación Provincial de Cádiz. Cádiz, 2010. 
Consíguelo, por ejemplo, aquí.

* * *

(1) La playa de Santa María del Mar era conocida en estos años como Playa de los Corrales. Dicho nombre, según explica Pelayo Quintero, cuando a inicios del siglo XX realizaba allí trabajos arqueológicos, se debería a los distintos corrales de pesca que existieron “en los más lejanos tiempos”. En  Excavaciones en Cádiz. Memoria de los trabajos realizados en dichas excavaciones por el Delegado Director D. Pelayo Quintero Atauri. Madrid, tipografía de Archivos. Olózaga 1, 1935. Pág. 9.

(2) Dicho emplazamiento también es conocido como Punta de las Vacas.

(3) CRUZ BAHAMONDE, Nicolás de, Conde de Maule. Viaje de España, Italia y Francia. Tomo 13. Madrid, 1813. p. 163.
(4) PÉREZ DE SEVILLA Y AYALA, Vicente. La artillería española en el sitio de Cádiz. Diputación Provincial de Cádiz. Cádiz, 1979. p. 137.

(5) En ARCHIVO HISTORICO MUNICIPAL DE CADIZ, Sección Cartografía Militar del siglo XVIII.

(6) PÉREZ DE SEVILLA Y AYALA, Vicente. Op. cit. p. 147.

(7) Ib. pp. 149-150.

(8) Ib. p. 152.

(9) Ib. p. 257.

(10) Ib. p. 217.

(11) SOLIS, Ramón. El Cádiz de las Cortes. Sílex, Madrid, 2000. Págs. 55 y 193.

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